lunes, 24 de mayo de 2010

A través del espacio

15 de septiembre. Hace tres años que nos separamos. Fue realmente díficil... Hace solo una semana habíamos celebrado nuestro quinto aniversario de matrimonio. Fue especial, muy especial... Habíamos ido de viaje a la pequeña villa que tanto nos gustaba, remanso en el cual disfrutábamos nuestras pequeñas escapadas. Pequeño y apacible rincón de descanso y reencuentro con nuestras propias identidades.

Tanto tiempo pasábamos inmersos en todo lo demás, que realmente nos hacían bien aquellos descansos. Tomaba su mano, guiándome de ella, en los mejores días que podía pensar junto a él... Volvimos a casa, dispuestos a enfrentar nuestra vida con ánimo, juntos... Días después, llegó esa carta

Siempre creí que esas cursiladas de "Sin ti no me siento bien. Me falta el aire cuando no estoy contigo" eran para personas débiles de corazón. Siempre he sido independiente. Es cierto que estoy realmente enamorado de mi mujer, por algo le pedí matrimonio. Pero nunca creí que realmente me haría tanta falta. Han pasado tres años ya, hablamos lo más seguido que podemos, lamentablemente las comunicaciones internacionales no son lo económicas que deberían. Hace diez años prometimos formar una familia, nos tomaríamos unos años para disfrutar de la compañía mutua y luego nos embarcaríamos en la gran aventura.

Nunca llegó ese día. Vivimos días tranquilos, de eso no puedo quejarme, y, ahora que lo pienso, esos días de paz eran para intentar compensar los años de ausencia. La extraño, es cierto. Y cuando la vea, viva frente a mí, cuando la sienta protegerse entre mis brazos y escuche el "Te amo" que tanta falta me hace, podré finalmente respirar tranquilo...

Fue llamado de vuelta a casa. Su familia lo necesitaba para atender ciertos asuntos que necesitaban de su colaboración. No podía ir yo, pues necesitaba encargarme de nuestro hogar, de nuestras cosas. De lo que me encargaba sin dudar, animada por el sonido de su boz, por sus palabras, ciertamente a veces me hacía mucha falta.. Y no habíamos podido cumplir nuestro sueño de tener una familia... Pero me sobrepuse a eso. Simplemente junto a él estaba bien. Sus asuntos se fueron haciendo más complicados, debiendo asumir gran cantidad de responsabilidades frente a su familia.

Ya estoy cansado. Todos éstos años me han imbuído en problemas que a mí realmente no me incumben. Es cierto que la empresa familiar también nos da un ingreso fijo -bastante cuantioso, por cierto- con el que podemos pagar cómodamente el crédito hipotecario, pasar cómodamente el mes y aún ahorrar para el auto familiar que tanto planeamos. Y estando aquí, pronto podremos pensar en comprar una casa de veraneo. Pero ya no quiero seguir en éste país, en una familia a la que ya dejé hace años. Sólo quiero ir a mi casa, pensar en mi familia. Creo que hablaré con mamá para buscar a alguien más que pueda ocuparse de las cosas de administración.

Me llamó hace tres semanas. Me habló de lo mucho que había hecho en los últimos días, documentos, negocios, reuniones... Realmente nada distinto de lo que había escuchado de él durante meses. Pero entonces me lo comunicó, ya estaba gestionando los trámites para su regreso. Sólo le faltaba comprar sus tiquetes. Me quedé en silencio un rato, con tal de que él habló, preocupado, y finalmente le contesté, no cabía en mí... Regresaría por fin. De un momento a otro, esos tres años de ausencia me golpearon con toda su fuerza y en lo único que podía pensar era en verlo... en sentirlo, en abrazarlo y poder disfrutar de él...

No le he dicho nada más. Ella sabe que volveré, pero no sabe cuando. Por fin, luego de tres años, estoy volando, cortando cada vez más la distancia que nos separa. Sé que cuando me vea, llorará, sé que me abrazará con fuerza, y yo no podré dejarla ir. Creo que éstas horas han sido las más largas de mi vida. Mamá no hizo el berrinche que creí que haría. Se lo tomó bien, de hecho. Rodrigo se ofreció para hacerse cargo de la empresa y se mudó con nuestra madre.
Dejándome la pista lista para tomar mis maletas y correr de vuelta a mi hogar.
Y bueno, es exactamente lo que hice...

Cada día de estas tres semanas me lo he pasado más alegre que nunca. Hemos hablado con la misma frecuencia, pero ahora lo noto mucho más aliviado, ha logrado ajustar las cosas favorablemente. Me alegra oír su voz tranquila. Aunque no ha querido decirme exactamente cuanto vendrá, no importa, esperar un poco más no será nada... Y cuando vuelva, se encontrará con una gran sorpresa...

Apenas logré recordar el camino a casa. Todo estaba tan cambiado. Me topé con Pablo, un viejo amigo, en mitad del camino, estaba estrenando su auto nuevo, de modo que me trajo a casa. Ahora estoy en la puerta, intentando controlar el nerviosismo que me consume por ver a mi esposa. Suspirando, metí la llave a la chapa y giré la perilla con firmeza, empujando la puerta. Desde hoy en adelante, amor, prometo no volver a separarme de ti...


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Y luego de tanto tiempo... bueno, es casi un mes... pero finalmente volvemos. Me siento feliz por ello ^^ Espero que sigamos así, cariño, cada uno y juntos... me encantan tus relatos...

Te amo

Claudia y Christian